Es necesario corregir las carencias del proyecto de obras de Urgencias del Hospital de Calahorra

Es necesario corregir las carencias del proyecto de obras de Urgencias del Hospital de Calahorra

La “reforma y ampliación del servicio de Urgencias de FHC” va camino de los nueve meses de gestación, periodo iniciado el pasado 5 de marzo, cuando dos consejeros del gobierno regional, los de Salud y Administraciones Públicas y Hacienda, flanqueados por otros políticos y cargos directivos de libre designación, aterrizaron en la FHC para anunciar ante los medios de comunicación “la ampliación del servicio de Urgencias de FHC”, el cual -se dijo- “estará operativo en el segundo semestre del año”. Entrando en detalle, prometieron cifras bien concretas: “El importe de las obras asciende a más de 1,3 millones de euros y permitirá triplicar la superficie actual hasta llegar a los 1.000 metros cuadrados”. E hicieron alarde de que el proyecto de remodelación venía a culminar un proceso de planificación con participación de los profesionales del centro: “Después de las diversas reuniones que se han celebrado entre los profesionales de Urgencias, coordinadores de enfermería y mantenimiento, y la gerencia del centro hospitalario, se definió el Plan de necesidades, a partir del cual la Consejería de Salud elaboró un Plan funcional de la Unidad de Urgencias para la Fundación Hospital de Calahorra”.

Tales anuncios y promesas aún se encuentran, a  fecha de hoy, en la página web del Gobierno de La Rioja: https://www.riojasalud.es/noticias/6504-comienzan-los-tramites-de-ampliacion-del-servicio-de-urgencias-de-la-fundacion-hospital-de-calahorra-que-estara-operativo-en-el-segundo-semestre-del-ano

  La verdad era muy otra. Por una parte, aquella propaganda se escudaba tras un plano exhibido por el entonces Director-Gerente, un plano pegado a una pizarrilla conteniendo el presunto diseño de la nueva Urgencia, un plano que era pura ficción esperpéntica, que ni siquiera estaba acotado, es decir, que ni reflejaba las medidas de los espacios que en dicho plano figuraban. Por otra parte, no había existido reunión alguna (mucho menos “diversas”) con los profesionales del centro para algo tan elemental y absolutamente imprescindible como la detección de las necesidades reales por parte de quienes de verdad las conocen por ser auténticos expertos en el funcionamiento de un servicio hospitalario de urgencias, esto es, la plantilla de profesionales del propio servicio, paso previo para el diseño conjunto de un proyecto adecuado y de futuro que afrontase las necesidades asistenciales de la población de La Rioja Baja.

Aquella impostada propaganda quedó al descubierto inmediatamente. Por ello, la semana siguiente, sobre la misma pizarrilla móvil en la que se había exhibido pegado el plano fantasma para consumo mediático, se empezó a “diseñar” en secreto, de prisa y corriendo y “a mano alzada”, otra distribución de espacios, otro proyecto de reforma muy diferente al presentado públicamente.

Todo ello fue denunciado por el Comité de Empresa de FHC en rueda de prensa de fecha 15 de abril.

Desde entonces, durante los meses siguientes, nada más se supo y este asunto, pese a su relevancia social, permaneció tapado por el más triste oscurantismo. No fue posible conocer nada más que los datos básicos -por ser públicos- de las licitaciones de los diferentes contratos (empresa constructora y la dirección facultativa de la obra). Sólo se sabía que las obras tenían marcada una fecha prevista de inicio, el 20 de septiembre, y que deberían prolongarse durante 13 semanas. Pero los profesionales de FHC desconocíamos todos los detalles al respecto, de la misma forma que se desconocían aspectos básicos como las fases funcionales y el cronograma de la obra, su compatibilidad con la prestación del servicio continuado que caracteriza la prestación hospitalaria, las previsiones en materia de seguridad y salud, así como los debidos planes de contingencia en caso de que cualquier eventualidad entorpeciese el desenvolvimiento asistencial en un área tan sensible como la afectada.

Pero se acercaba la fecha de inicio prevista para las obras y la plantilla seguía sin recibir información ni indicación alguna al respecto. El personal de la propia FHC no pudo acceder a plano alguno hasta el 13 de septiembre pues hasta entonces toda la documentación permaneció oculta. La imprevisión llegó al extremo ridículo de que, cumplida la fecha de inicio, ni siquiera se disponía de la preceptiva licencia municipal de obra.

Cuando, a partir de mediados de septiembre, fueron conocidos, por fin, algunos de los detalles sobre las obras de ampliación y reforma de la FHC, fue evidente que el proyecto no pasaba de ser un parche, una actuación parcial e insuficiente muy lejos de la intervención decidida que FHC precisaría para afianzar un Servicio de Urgencias moderno, de conformidad con las recomendaciones del Informe del Defensor del Pueblo sobre los servicios de urgencias hospitalarias.

La plantilla de FHC estamos persuadidos de que lo idóneo, lo correcto, lo inteligente, habría sido parar y repensar el proyecto, elaborar la planificación de una actuación sólida, más ambiciosa, que afrontase verdaderamente el futuro del hospital con previsión y visión a largo plazo, lejos del pobre y ramplón cortoplacismo en que suelen moverse nuestros gobernantes.

La falta de la licencia municipal de obras y la decisión de paralizar temporalmente su tramitación, a primeros de octubre, abrió un breve periodo de esperanza para que pudiese darse ese necesario giro de coherencia y sensata profesionalidad, pero tal expectativa pronto se vio frustrada por el apresurado anuncio de la continuidad de unas obras plagadas de carencias y deficiencias.

Finalmente el 18 de octubre se suscribió el ‘acta de replanteo’, momento del inicio legal de las obras, las cuales, con un mes de retraso, dieron comienzo material el lunes 21 de octubre. La duración sigue siendo la misma, trece semanas, lo cual nos lleva a la segunda quincena de enero del año próximo.

Ante esta situación, relatados sus antecedentes básicos, la plantilla de la FHC manifiesta:

  • Que, como siempre hemos sabido (por mera evidencia física), en ningún caso la ampliación de las Urgencias de FHC permitirá alcanzar los 1.000 metros cuadrados. En absoluto, simplemente porque no existe tal espacio. En el mejor de los casos la superficie del “nuevo” servicio de Urgencias será de 743 m2 útiles, 814 construidos, lejos de los 1.000 “prometidos”.
  • Que el proyecto heredado presentaba numerosas carencias (no contemplaba actuaciones necesarias en instalaciones, conducciones de gas y arquetas de desagüe) y deficiencias (boxes no tabicados, espacios incoherentes, compartimentación no funcional…).
  • Que el presupuesto de las obras no contempló actuaciones estructurales que deberán ser abordadas coetáneamente, como tampoco el propio equipamiento de material y utillaje para el nuevo servicio de URGENCIAS el cual deberá ser afrontado por el hospital, y a su costa, sin dotación presupuestaria específica para ello.
  • Que el proyecto heredado era más bien un “vamos a hacer algo rapidito con el dinero que hemos reunido” en lugar de un “hacer lo que se debe hacer”: se trata de un parche insuficiente que, aunque mejorará la situación actual, queda lejos de satisfacer las necesidades de FHC y su población de referencia, constituyendo en tal sentido una oportunidad perdida. 
  • Que lo correcto hubiese sido paralizar el proyecto cuando aún se podía hacer, corregir sus muchas y serias carencias, y, sin prisas espurias, con seriedad y profesionalidad gestora, programar una actuación de calado y a futuro, construyendo el hospital que la Rioja Baja merece y necesita para las próximas décadas. Si ello no se ha hecho por la falta de visión de nuestros dirigentes políticos, es necesario que al menos se afronten las carencias del proyecto en curso, escuchando a los profesionales y atendiendo a sus propuestas y sugerencias, siempre orientadas al bien del propio servicio, en alineación con el fin mismo de servicio público que define a la institución.
  • Que, obviamente, las carencias del proyecto llegan heredadas procedentes de la legislatura anterior y merecen muy justificadamente la crítica que aquí se ha expuesto (muy resumidamente), pero el actual gobierno también pudo haber actuado en su momento pues los contratos de las obras no fueron firmados hasta el 5 de septiembre, ya nombrados los titulares de las diferentes consejerías (habían tomado posesión el 30 de agosto).
  • Que, pese a todo y como siempre, la plantilla de FHC permanece activa y vigilante, garantizando la continuidad asistencial en todo momento, incluso aunque las obras ahora se prolongarán hasta finales de enero de 2020, muy inconvenientemente, coincidiendo de pleno con la fase más cruda de la prevista epidemia de gripe estacional.
  • Ya que se ha continuado con estas obras, es imperiosamente necesario, al menos, reconducir sus líneas básicas y subsanar sus carencias: si se atienden las ideas y sugerencias que ha hecho la plantilla del centro aún podrá corregirse dignamente una desafortunadísima situación, de forma que el servicio de Urgencias de la FHC, pendiente de la debida dotación de recursos y medios humanos, habrá sido ampliado efectivamente aun cuando lamentemos la oportunidad perdida de construir un servicio de urgenciología del siglo XXI para una población que ya asciende, sólo en La Rioja, a 90.000 personas y que se extiende habitualmente a la Ribera navarra.

La conclusión final es, de nuevo, evidente: la necesidad de que los dirigentes políticos nombrados para dirigir el sector sanitario, tanto en los niveles asistenciales de Atención primaria como de Especializada, sean personas con experiencia de gestión en el propio el Sistema Nacional de Salud, conocedoras en profundidad del mismo, y que las políticas públicas se basen en la evidencia y la planificación profesional cuidadosa a medio y largo plazo, huyendo de las imposturas y del miope cortoplacismo que prima la propaganda sobre la creación real de valor para toda la sociedad. Solo de esa forma se avanzará verdaderamente por la senda del buen gobierno.

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